Donostia-San Sebastián y Pasaia comparten el Monte Ulia. Un elemento de interés que podemos encontrar en este monte es el "Faro de La Plata".
El monte Ulia nos permite disfrutar de la naturaleza más cercana, de los rincones muchas veces olvidados, a favor de otros de mayor renombre.
Ruta de los Faros
Esta es parte de la GR- 121, la llamada "Vuelta a Gipuzkoa-Gipuzkoako Bira", que comprende un recorrido de 284 km.
En este recorrido, a su paso por Pasaia, podremos disfrutar de la Ruta de los Faros.
Esta excepcional ruta ofrece al caminante insospechados y bellísimos paisajes que, con la conjugación de tres elementos, el mar, el cielo y la tierra, ofrece resultados sorprendentes. Es, sin duda, una de las orillas marítimas más atractivas de Gipuzkoa.
Esta travesía es montañera, para excursionistas o senderistas habituados a caminar por caminos de todo tipo, que exige un equipamiento deportivo correcto, tanto en materia de ropa como de calzado.
Acceso:
Desde el embarcadero de San Pedro, partiremos hacia la bocana del puerto, hasta llegar hasta el Faro de Senokozuloa y, subiendo unas escaleras, llegaremos a un área de descanso, mirador de Pasaia. Desde esta área de descanso, nos dirigiremos al Faro de La Plata, mirador incomparable sobre la bocana del puerto y el litoral del Monte Jaizkibel, con el océano como telón de fondo.
Desde la explanada del Faro de La Plata descenderemos por la ladera del Monte Ulia, el que resulta ser el tramo más tradicional, pudiendo observar las peculiares oquedades clásicas de esta zona, conocidas popularmente como gruyére.
Siguiendo nuestro camino, atravesaremos, en un breve espacio, dos acueductos que, desde el año 1842, conducían el agua a la capital. Llegaremos a un singular túnel, de unos 200 m. aproximadamente que sirve para salvar bajo tierra una zona de maleza. De ahí continuaremos el sendero, pasaremos cerca de la Ikastola Herri Ametsa, hasta llegar al desaparecido bosque encantado de Errotaxarreta, hoy ladera, siguiendo a media ladera por el camino tradicional. El trayecto continuará en un ambiente orinoco-amazónico, que sorprende por su proximidad con la urbe.
Llegaremos a un excelente balcón del litoral y de las verticales paredes de Baja Aundi, hasta el valle colgado de Altu. De allí, nos acercaremos a la Casa del Emisario, y bajaremos al fondo del barranco Txoritxuluak. Desde aquí, seguiremos por un ancho camino, tomando, primero, el camino a la izquierda, y yendo después de frente. En este punto es interesante acercarse a la Cueva de la Peña de Ataloi, único mirador para contemplar los escarpados de Ataloiko blaya, donde revolotean numerosas aves. Descenderemos hasta el lavadero de la Kutralla y, tras éste, caminaremos entre exuberante vegetación, donde destacan los abedules. Siempre seguiremos el camino paralelo al litoral.
Tras atravesar un laberinto de caminos en un terreno frondoso donde crece una fauna diversa, pasearemos entre las Ruinas del Monpás que en el siglo XVI fue parte de un conjunto civil de la Diputación, aunque más tarde tuvo diferentes usos militares (como se puede apreciar en los restos de túneles, casamatas y baterías). De aquí bajaremos por una senda hasta llegar a la Iglesia del Corazón de María.
Senokozuloa:
La existencia de este segundo faro en Pasaia, junto con el de La Plata, responde a la necesidad de facilitar a los barcos -especialmente de noche o con mal tiempo- su entrada al puerto.
En noviembre de 1906, el ingeniero de caminos navarro Joaquín Arguedas presenta el proyecto de construcción de la casa-vivienda, torre y camino de acceso del Faro de Senokozuloa. En la memoria de calidades del proyecto se detalla que el acero que se emplee sea de superior calidad, exento de sustancias fosfóricas, de grano fino y homogéneo y de condiciones que no sean inferiores a los que fabrican las fábricas de "Altos Hornos" y "Vizcaya" de Bilbao; que los cristales sean de los llamados dobles, perfectamente transparentes, planos, sin alabeo alguno; y que para la obra se utilice: asfalto de Maeztu, hormigón con cemento de Zumaia, entablación de Pino de Holanda y piedra machacada.
La arena para la fabricación de morteros podrá proceder de las playas inmediatas, pero deberá estar bien limpia y libre de sustancias extrañas que alteren su pureza, y se lavará con agua dulce si se cree necesario. El exterior se realizará en sillarejo y con remates en piedra de arenisca sin manchas ni defectos y de la corriente en la comarca al que sirve de tipo la de Igeldo.
La piedra caliza empleada, semejante a la de Mutriku, es la del tipo usual en la comarca y presenta labra a cincel en paramentos y remates. La regularidad en la disposición de los vanos, así como la limitada ornamentación en dinteles y cornisa, contrasta con la profusión decorativa de la escalera interior -de fundición-, muy similar a la del Faro de La Plata, realizada en Lasarte. El autor del faro amplía su proyecto con la construcción de una torrecilla o baliza de enfilamiento, de cuyo haz de dirección el eje marque durante el día la bocana del puerto.
El proyecto definitivo presentará, por lo tanto, ciertas transformaciones: para mantener el presupuesto inicial se sustituirá el hormigón de los cimientos por mampostería hidráulica; la construcción del camino será modificada: se utilizará el existente en la Punta de Cruces, uniendo este punto con Senokozuloa por medio de un sendero de 2 metros de ancho, con trozos en pendiente y tramos en escalones (más de 150), lo que confiere a la zona su peculiar acceso. Asimismo se construirá un pretil de fábrica de un metro de altura, con la intención de proporcionar mayor seguridad a los que frecuentan el camino.
La torre del faro será construida definitivamente en mampostería, conservándola blanqueada para que durante el día marque la enfilación de entrada que por la noche señala el haz de dirección.
Se trata de un edificio de estilo clásico, en la línea de las construcciones de faros de la costa francesa, que mantiene la sobriedad y la funcionalidad del Faro de Higuer; construido en la ladera norte, su torre prismática se levanta en el centro de la fachada, frente al mar.
Información facilitada por Peio Ariz.

El monte Ulía desde Jaizkibel.
Al fondo, San Sebastian
Faro de La Plata:
El faro que más destaca por sus singulares características arquitectónicas es el de La Plata, levantado en 1855 a la entrada del puerto de Pasaia, y que representa un castillo en tres alturas, con almenas incluidas. Se trata, sin duda, de uno de los faros más bonitos de todo el País Vasco.
Las características naturales de Pasaia y, sobre todo, el acceso al puerto a través de su estrecho canal de entrada determinaron la construcción de torres y balizas para orientación de los barcos: el castillo Santa Isabel, cuya existencia se remonta a cientos de años, representa en esta zona una de las referencias visuales más importantes como señal marítima, de ayuda a la navegación. Otro punto que marca la entrada al puerto es la ermita Santa Ana, en lo alto de Pasai Donibane (San Juan).
A lo largo del siglo XX el servicio de señales marítimas de Pasaia, en una evolución paralela a los avances de la técnica, sería modificado.
Hasta esa fecha, el balizamiento del puerto se ejecutaba de la siguiente manera: en la margen derecha del canal -a estribor- la luz de situación del Faro de La Plata, la luz de dirección de Senokozuloa y la luz de enfilación de Punta de Cruces -de apariencia verde-; y en la margen izquierda -a babor- la luz de enfilación del Castillo Santa Isabel, de apariencia roja.
La denominación de Faro de La Plata podría tener su origen en el destacado papel que jugó el puerto de Pasaia desde la antigüedad, al formar parte de la vía desde donde se exportaban los minerales que previamente se extraían de las minas de Arditurri en Oiartzun o, quizá, en la espectacular situación de este faro en una zona conocida como Espejo de Pasaia, también llamada Frontón de la Plata.
El Faro de La Plata está situado en la punta de La Plata, al oeste de la entrada del canal, sobre un acantilado, en un paisaje abierto al mar, juanto a la punta de Arando Txiki. Es un lugar dominado por gaviotas, donde frecuentemente azota el viento del noroeste y al que se puede acceder por tierra, desde San Pedro, a través de una carretera que se ciñe al monte. Ya en 1880 se cita el Faro de La Plata, y se insiste en su importancia. Es un faro de recalada, cuya luz -fija y blanca- vino a sustituir una antigua luz ocasional.
Se trata de un edificio adosado al monte por su lado norte, con terraza sobre la que se levanta una torre de 4 metros de altura y cuyo plano focal se encuentra a 158 metros sobre el nivel del mar. La natural configuración de la roca hizo que, para construir el faro, fuera necesario erigir una base sólida en la que se asentara el edificio.
La primitiva linterna de montantes verticales fue sustituida, hace unos años, por otra de montantes inclinados que no producen zona de sombras; asimismo una instalación eléctrica con reserva en gas reemplazó la de acetileno.
Destaca en su interior como elemento decorativo y, al mismo tiempo, absolutamente funcional, la escalera de hierro fundido, que da acceso a la torre. Escalera de caracol, pintada en negro, sobre la que se puede leer la marca de su procedencia: "Eduardo Fussey. 1885. Lasarte".
En un impresionante emplazamiento, el edificio de tres plantas, almenado y enmarcado por dos torreones, constituye -tanto desde el mar como desde tierra- un claro ejemplo de lo que el espíritu romántico consiguió a lo largo del siglo XIX, alcanzando, además de a la literatura y a las artes plásticas, a la denominada arquitectura de ingenieros.
El resultado es una fantástica mole con cierto aspecto de fortaleza, de estilo neo-medieval, en la línea del castillo D´Abbadie en Hendaye-Hendaya.
Información facilitada por Peio Ariz.